Vuelvo a ponerme manos a la obra,
aunque, si os soy sincero, se me hace cuesta arriba. Tras los resultados de las
pasadas elecciones autonómicas, la decepción me inunda por completo. Es
frustrante ver cómo de nuevo se le da el mando a un personaje que no es más que
una pura fotografía, alguien con la media sonrisa impecable puesta para la
foto, pero que por dentro encarna justo lo que ninguno de nosotros querría
encontrarse cara a cara. Y es que no hablamos de diferencias políticas sin más;
hablamos del desmantelamiento real de nuestro hospital, de nuestros centros de
salud de barrio, de las aulas donde aprenden nuestros hijos y, por si no fuera
suficiente, ahora también de nuestras universidades.
La verdad es que la perspectiva
asusta. En cuanto terminen de desguazar el hospital, nos van a empujar de golpe
cincuenta años atrás en el tiempo. Volveremos a aquellas épocas oscuras en las
que, para que te atendiera un especialista, tocaba hacer las maletas e irse
hasta Granada o quién sabe dónde, según la gravedad de la dolencia o finalmente, aquél que no pueda pagar sanidad, a la beneficiencia. Y pasará lo
mismo con nuestros estudiantes: cuando tengan que desplazarse a la universidad
y no encuentren plaza pública, no quedará más remedio que empeñarse para pagar
una privada... y ahí vendrán las lamentaciones. Pero claro, este esquema no es
una casualidad; es el modelo que busca la derecha más rancia, la de los
“señoritos” de toda la vida. Al final, lo que pretenden es que solo sus hijos
puedan formarse y sacar una carrera, dejándonos a los demás con un retroceso de
derechos que da miedo.
Me pregunto una y otra vez cómo
es posible que vecinos que van a necesitar estos servicios públicos terminen
votando a quienes se los quitan con una mano mientras con la otra frenan
cualquier avance social.
Y si miramos lo que pasa en
nuestra propia casa, el panorama es igual de desalentador. El partido que
gobierna la ciudad cumple más de tres años en el cargo y la sensación de
desgobierno es cada día más palpable; van dando palos de ciego día sí y día
también. Eso sí, lo disimulan con una máquina de propaganda bien engrasada que
tapa miserias gordas, como las devoluciones de dinero por proyectos que ni se
han molestado en ejecutar. Hablamos de más de tres millones de euros en
subvenciones heredadas de la anterior corporación que han tenido que devolver
por puro pasotismo, sin contar el agujero económico que se nos viene encima por
no haber comenzado la obra del Palacio de Enríquez en su momento.
La pregunta es inevitable: ¿es
ineptitud o directamente dejadez de funciones? Cuando se pierden subvenciones
millonarias por no mover un dedo, ¿a quién le pedimos cuentas? ¿A los
funcionarios? Rotundamente no. Los responsables directos son los gestores políticos,
esos mismos que, según comentan por los pasillos, apenas pisan sus despachos.
Un ejemplo sangrante de esto son los 60.000 euros que se han tenido que
devolver del programa Andalucía Activa —destinado a dar empleo a nuestros
jóvenes— simplemente porque no fueron capaces de cubrir las plazas. Un
desastre.
Por no hablar de los cientos de
miles de euros salidos del bolsillo de todos los bastetanos para comprar
maquinaria de limpieza que luego se le regala a una empresa privada. Una
empresa que lleva año y medio en situación precaria y cuyo contrato ya establecía
que debían aportar sus propios medios, mientras el Ayuntamiento les sigue
pagando millones. ¿Esta era la gestión impecable y eficaz de la que tanto
presumían?
¿Dónde está la nueva estación de autobuses que llevamos esperando? todavía recuerdo al delegado de la junta junto con nuestro alcalde, diciendo que estaba todo aprobado y que se iba a empezar a construir, pues lo dicho, más de 3 años y ya parece que no es tan importante.
Y aunque suene repetitivo, no
puedo callarme ante la complicidad del alcalde con el concejal de ultraderecha,
a quien le ríe absolutamente todas las gracias. Da vergüenza ajena ver cómo en
el último pleno Rafael Azor se autonombró tan tranquilo "director de
obras" del Ayuntamiento para la actuación en la calle Zapatería —obra que,
por cierto, valdría la pena fiscalizar de cerca para saber a quién y cómo se ha
adjudicado—. Todo vale para que este señor siga haciendo lo que le da la gana,
hasta disponer de los vehículos del parque municipal para sus asuntos
personales.
Por si fuera poco, nos enteramos
con asombro de que, además de capataz, el concejal debe de ser "ingeniero
forestal", porque se marcó un discurso pontificando sobre los problemas de
la Sierra de Baza, eso sí, bajo su particularísimo y sesgado punto de vista en el que dijo que lo mejor que le podría pasar es que se quemara la sierra lo que provocó las risitas del resto del equipo de gobierno, con lo que estamos sufriendo en toda España con los incendios y sobre todo con los muertos que ha habido.
En fin, en estas manos estamos.
Toca reflexionar y no rendirse, pero el cuadro no puede ser más preocupante.
