Han pasado ya dos plenos en nuestra ciudad desde la última vez que hablamos por este medio. Y la verdad es que, en ellos, se ha confirmado algo que muchos sospechábamos: el equipo de gobierno juega con dos máscaras. Una es la de la soberbia propia de quien no sabe, y la otra, la de la inoperancia de quien no puede. Con esas cartas, es difícil dirigir una ciudad como Baza.
En el pleno de julio, lo poco que se llevó al debate se vino abajo gracias a la oposición, con el apoyo decisivo de Compromiso por Baza. Y claro, el espectáculo fue el de siempre: un gobierno que, cuando las cosas no salen a su gusto, pierde las formas… aunque no debería sorprendernos, porque precisamente fueron esos votos los que los subieron al poder.
Me pregunto si la fiscalía general, de ver alguno de nuestros plenos, no acabaría actuando de oficio. Porque lo que se ve allí –y luego se multiplica en redes sociales– es acoso puro y duro contra la portavoz de Compromiso. Resulta desagradable, casi vergonzoso, ver a concejales, al propio alcalde e incluso a su secretaria esconderse tras perfiles falsos para hostigarla e intentar forzarla a votar siempre a su favor.
Lo más triste es que en los plenos ya hay un guion que se repite. Primero, entra en escena el representante de la extrema derecha (que, por cierto, no representa a nadie más que a su bolsillo). No pide turno de palabra, no. Se limita a esperar y le hace el gesto del alcalde, y entonces dispara. Su papel es claro: soltar la soez de turno, buscar el insulto más bajo, cuestionar la valía de la portavoz o incluso intentar hacerla dimitir. Y mientras tanto, los concejales de la derecha se tapan la risa con la mano o sonríen descaradamente. Un espectáculo dantesco.
Esta estrategia, repetida pleno tras pleno, va calando. Quien sigue las redes sociales ya lo ve: la campaña de odio está funcionando. Y lo que es peor, quienes no están al tanto del fondo del asunto terminan, por el boca a boca, tomando partido contra ella sin apenas saber por qué.
Después de la primera embestida del ultraderechista, llega el turno del concejal del área implicada. Y para rematar, aparece el alcalde con su media sonrisa, para dar la puntilla. Una coreografía perfectamente medida.
Es cierto que la portavoz, con sus constantes ambigüedades, a veces parece facilitarles las cosas. Pero el fondo no cambia: lo que vivimos en cada pleno es un espectáculo lamentable.
Y mientras tanto, la otra cara del gobierno también se deja ver: la incapacidad de asumir responsabilidades. Siempre la culpa es de quienes gobernaron antes. Siempre el “y tú más”. El alcalde se ha convertido en un auténtico maestro de la mentira, lanzándolas sin pestañear. Ejemplos tenemos de sobra: desde el famoso solar de la calle del Agua, hasta el convenio de la plaza de toros. Siempre alguien desmintiéndolo en directo.
A esto se suma el concejal de deportes, que cada vez quiere más protagonismo. Le encanta usar la palabra “socialistas” como un insulto, como si fuese un comodín. Grita, golpea la mesa, corta micrófonos cuando no interesa lo que dice la oposición. Se presenta como el gran salvador de Baza, pero al final parece más preocupado por acumular cargos… y cobrar más por ellos. ¿Dónde quedó aquel “cambio” que prometían desde las redes cuando eran oposición?
En agosto, llegó la aprobación de un préstamo de casi un millón y medio de euros para comprar maquinaria de limpieza. Sí, un millón. Y eso con un presupuesto prorrogado de más de 31 millones. La pregunta es clara: ¿dónde está ese dinero? ¿De verdad era necesario ese gasto? Porque, viendo licitaciones de otros ayuntamientos, parece que no. Aun así, se aprobó, y lo sorprendente es que contó con el apoyo de IU, que en teoría siempre defendió lo contrario.
El resto de los puntos se resolvieron con la abstención de Compromiso. Primero soportan los ataques, y después les tienden alfombra roja. Difícil de entender.
Y como colofón, lo del Cascamorras. Una fiesta nuestra, de bastetanos y accitanos, símbolo de diversidad y alegría, ensuciada por quienes intentaron imponer un discurso de odio. Menos mal que la mayoría respondió como sabe: gritando “¡Cascamorras!” con orgullo. Mientras tanto, el alcalde, de nuevo, guardando silencio o lanzando pullas a la oposición desde su Facebook personal. Muy digno representante, sí.
Para terminar, no puedo olvidarme de Rafael Azor.
